domingo, 28 de marzo de 2010

La playa de Balarés


Comenzaba a lloviznar de nuevo así que regresé al coche y me dirigí a la playa de Balarés, a poco metros de donde me encontraba. Para mi sorpresa, el sol se asomó tímidamente de entre las nubes y en pocos minutos pude contemplar el lugar como si de un día de verano se tratase. La playa, en forma de ensenada, se dividía en dos arenales. Llegué primero al más grande. La arena era blanca y fina. Había un señor cerca de la orilla que paseaba a buen ritmo.

Un pinar muy bien cuidado se situaba justo detrás de mi. En la base de los árboles se podía observar un merendero con bastantes mesas de piedra y alguna que otra parrilla que incitaban a preparar un buen churrasco en compañía de familia y amigos. La playa, según me cuentan, está muy transitada en la época estival. Me lo creo. ¡Sólo de pensar en lo bien que se lo debe de pasar allí la gente en verano...!


El arenal pequeño estaba protegido por un muelle en uno de sus extremos. Este embarcadero, según he leído, fue durante la Segunda Guerra Mundial uno de los puntos clave para la exportación de titanio y wolframio –procedente de las minas de Monte-neme- para enviar a los alemanes. Una escultura en forma de araña elaborada con este mineral se encontraba al final del recorrido para su conmemoración.

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Laxe, Tierra de marineros

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