Arou, el pueblo que te resguarda del viento
Mi viaje a Camelle continúo rumbo a Arou, un pequeño pueblo de unos 500 habitantes que pertenece a Camariñas. Mi amiga Marisa –que vive ahora en Barcelona- no perdonaría que visitase los alrededores y no me pasase por su pueblo natal, así que fui encantada hasta allí para comprobar si era cierto que su pueblo tenía encanto como ella me decía.
De camino al lugar, me paré en una diminuta cala de piedras en la que se almacenaban barcas de pesca y otros utensilios empleados para las tareas del mar. Me pareció un bonito lugar para comenzar a fotografiar lo que formaría parte de mi álbum de Arou.
A pocos metros de distancia: la playa. No se veía a mucha gente por allí. Un matrimonio con dos niñas y otras dos señoras caminaban por el paseo marítimo. En verano, sin embargo, al parecer la cosa cambia. Muchas personas acuden a esta playa, de arena fina y blanca, en busca de un lugar donde poder tomar el sol sin que el viento moleste. Es cierto que en general la Costa da Morte está llena de lugares en los que el viento sopla fuerte, sin embargo, esta zona está bastante protegida por los árboles y las montañas y eso permite resguardarse del viento si lo hubiera.
Existen muchas historias sobre los naufragios que sucedieron en esta parte de la costa y sobre los botines que llegaron a la playa de Arou. El más conocido fue el hundimiento del Nil, un barco francés que encalló en las aguas del pueblo el 10 de octubre de 1927. El navío iba cargado de maquinaria, productos químicos, harina, vino y champán, entre otros. Todo llegó a la costa.
Según me explicó un amigo de Camariñas, Berni, algunos vecinos cogieron un líquido blanco en la playa y pintaron las puertas y las ventanas de sus casas pensando que aquello era pintura. Las moscas se pegaban. No sabían porqué hasta que descubrieron que se trataba de leche condensada. Nunca la habían visto antes.
El pueblo, lleno de cuestas y calles estrechas, me recordó mucho al que fue mi siguiente destino: Santa Mariña.


1 comentarios:
Enhorabuena! Me encanta Arou.
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