La tranquilidad reina en Santa Mariña

Hace tiempo un amigo del grupo de Costa da Morte 2.0 me sugirió la playa de Santa Mariña como uno de los rincones más discretos y tranquilos de la costa. Tal y como pude comprobar el día de mi visita a esa pequeña playa, estaba en lo cierto. Mis consejeros siempre suelen darme muy buena información.
Si algo me llamó realmente la atención en Santa Mariña fueron las pronunciadas pendientes. Acostumbrada a las llanuras, estaba convencida de que el coche no iba a poder subir o bajar por algunos de los caminos del pueblo. Quizá esté exagerando un poco pero, al menos, esa fue la primera impresión que tuve nada más llegar al lugar.
Una vez allí, ya todo parecía más fácil y hasta el automóvil comenzaba a ir más ligero –evidentemente sólo eran impresiones mías-.
En la parte más llana del pueblo había una zona reservada para las barcas y los pescadores, e incluso un señor estaba intentándolo con caña desde el muelle. Desde donde me encontraba era imposible divisar el arenal. Sólo cuando me subí a un montículo de piedras pude encontrar esa pequeña playa de la que había oído hablar. De no muy grandes dimensiones y de arena fina, la discreción y la tranquilidad estaban completamente aseguradas en el entorno. ¡Mi amigo tenía razón!



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