lunes, 7 de junio de 2010

El ambiente limpio y sano de Laxe

No sólo el aire que se respira en Laxe es saludable, sino que además el ambiente que allí se observa también lo es. Acostumbrada a la ciudad, es poco usual ver a jóvenes reunidos, disfrutando de la tarde, comiendo pipas y charlando con los amigos en el muelle, bajo unos arcos en los que -según mi amiga Celia me explicó- la gente del pueblo se resguarda cuando viene viento del Nordés. Es cierto que en los pueblos hay más tradición a juntarse que en la ciudad. De hecho, por unos instantes sentí unas ganas inmensas de poder reunirme así con mis amigos en la gran urbe.

Después de mi pequeña observación, decidí trasladarme hacia el faro de Laxe. Callejeando por caminos realmente estrechos -y en ocasiones desorientada-, llegué al faro. No sabía que era igual que el de Corme, así que me llevé una gran sorpresa cuando lo vi. Hacía bastante viento pero el cielo estaba despejado. Descendí por la parte de delante del faro y me acerqué hasta el borde del precipicio -siempre manteniendo las distancias y tomando la precauciones necesarias- y desde allí hice un par de fotos con mi cámara.


Luego, y tras ascender de nuevo hacia la carretera, fotografié la zona de ocio habilitada en varios escalones como si de cultivos en socalcos se tratase. Mi mente retrocedió hasta mis tiempos mozos cuando en la clase de historia nos explicaban las diferentes formas de cultivo en terrenos con pendiente. ¡Qué grandes recuerdos! Supongo que por eso me gustó tanto Laxe, porque muchas de las cosas que allí vi esa tarde me hacían regresar al pasado por momentos y disfrutar doblemente mi visita.

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Laxe, Tierra de marineros

Laxe, Tierra de marineros

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