Fiestas de San Clemente en O Pindo. Parte II
La zona del puerto es muy bonita. El muelle no es demasiado grande, más bien tiende a ser pequeño, pero… tiene su encanto.
Después de hacer unas cuantas panorámicas y utilizar mi “ojo de pez” para las imágene marítimas –me encanta ese objetivo para realzar la belleza del lugar-, me atravesé el pueblo entero en busca de aparcamiento. Ilusa de mí, pensé que lo encontraría con facilidad, pero lo cierto es que no fue así. Los pueblos en fiestas se llenan de gente y como O Pindo no es un pueblo muy grande –aunque los hay mucho más pequeños aun- pues encontrar un sitio donde aparcar resultaba todo un reto. Al pasarme de pueblo, di media vuelta y al final logré encontrar un hueco en el que entrara mi coche.

Crucé la carretera y me acerqué a la playa que había frente a mi. El mar estaba agitado pero el color era digno de ver, fotografiar y sobretodo, de disfrutar. ¡Qué colores! No sé por qué me sorprendo porque en realidad he estado viendo esos coloridos durante todas mis aventuras por la Costa da Morte este verano pero… es que ¡ni en el Caribe hay esas preciosidades tonales!
Desde allí se veía la isla Lobeira, con un pequeño faro que me recordaba al de Finisterre pero en miniatura.

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