Fiesta del Longueirón en Fisterra (Parte II)
El ambiente, estupendo. Había bastante gente, toda alrededor de las barras de los bares habilitados en el muelle del puerto. Unos chiringuitos tenían colgadas en lo alto camisetas que anunciaban la fiesta, otros tenían un estilo más hawaiano, pero el que más me llamó la atención fue sin duda el de los piratas. Y lo llamo así porque las camareras, vestidas como la protagonista de “Piratas en el Caribe” servían a los asistentes mientras una de ellas voceaba a través de un megáfono que se acercasen al local y que disfrutasen del ambiente de los piratas. No paraba de gritar. Eso sí, emoción y entusiasmo no le faltaban.

Antes de comer y probar las especialidades de la casa, la agrupación de gaitas de Sardiñeiro pasó por el muelle para amenizar la fiesta. Todos los presentes disfrutaban de la música. Dos piratas que se encontraban muy cerca de donde yo me encontraba iban detrás del grupo de música. Al ver que les fotografiaba con mi cámara decidieron simular un secuestro utilizándome a mi como rehén. No lo consiguieron, ya que me resistí. Al final, vi cómo una espada de no muy grandes dimensiones –de plástico- era clavada en mi costado izquierdo por no haberme dejado raptar. Desde luego que eran simpáticos a rabiar.

En la playa había un barco pirata y cada vez que los niños se acercaban a él, ellos desde la otra punta gritaban : “ni se os ocurra tocar el barco, que el tesoro es nuestro y además necesitamos transporte para volver a casa”. Y luego, entre murmullos, se decían el uno al otro que ya no había respeto. ¡Qué gracia tenían!


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