Las 'palilleiras' de Camariñas, las protagonistas
Llevaba toda la semana planeando mi viaje a Camariñas. Se celebraba la Mostra do Encaixe y no me la quería perder por nada del mundo. Cuando llegué al centro del pueblo, no había ningún cartel que señalizara dónde se encontraba la carpa principal, así que aparqué el coche en un hueco que encontré y luego pregunté dónde estaba la Mostra. No había pérdida. Seguí las indicaciones que me habían dado y, en 5 minutos, tras subir una pequeña cuesta, ya estaba allí. Se veía a lo lejos.
Dos stands ubicados en la puerta de acceso te decían cuánto tenías que pagar por la entrada dependiendo de si eras adulto, de si eras menor o de si ibas en grupo. El de la izquierda era únicamente para los que querían tener guía. El de la derecha, para todos los demás. El pase más común, el de 'adulto', costaba cuatro euros.
Una vez dentro, a mano derecha estaba información. Cogí un folleto con la programación del día y reservé hora para asistir al desfile que se iba a celebrar después de comer. Me cambiaron mi entrada por una para el desfile de diseñadores noveles. Me hubiera gustado presenciar también el de por la mañana pero ya estaba terminando y no merecía la pena.
Me puse a caminar por los alrededores. En el primer pabellón se podían ver las exposiciones de los encajes. Cada stand mostraba cosas diferentes. En uno, me llamó la atención un abanico con bordados de encaje de bolillos, en otro, unas toallas naranjas con bordado blanco, y así sucesivamente. Era curioso porque dentro de la gama de cosas comunes, siempre había algo original que destacaba en cada uno de ellos. No sé si fue casualidad pero por la mañana sólo vi a una palilleira. Estaba en el stand de Encaixes Mónica Pose. Le pregunté si le importaba que le hiciese una fotografía mientras trabajaba y me dio su aprobación encantada.
Por la tarde, sin embargo, la cosa cambió. Las palilleiras que se presentaban al concurso estaban situadas en dos mesas alargadas. Cada una realizaba diseños diferentes. Una casa, una iglesia, unos broches en forma de flor… Estos últimos me llamaron especialmente la atención porque la persona que lo estaba haciendo se ayudaba de un pincel para pasar por encima del hilo una pintura metalizada que le daba un toque más sofisticado al diseño. Sin duda todo un espectáculo.
No puedo olvidarme, sin embargo, de la presencia de una chica joven entre las palilleiras de mediana edad. No lo comento como curiosidad, sino a modo anecdótico, ya que, aunque esta chica no representaba la edad media de las personas a las que estamos acostumbradas a ver frente a esos encajes, lo cierto es que cada día son más los jóvenes que están aprendiendo estas técnicas para continuar con la tradición. Algo que, en mi opinión, es de admirar.




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