viernes, 8 de octubre de 2010

Simulacro en el Carmen de Laxe. Parte III

No pensé que subir al barco iba a resultar tan difícil. Había tenido experiencias anteriores en Camariñas pero esta superaba en peligrosidad. Nos recogieron en una pequeña barca en el muelle. Teníamos que bajar unas escaleras -como las de una piscina olímpica-, y después trasladarnos al barco que estaba situado en su amarre. Parecía sencillo hasta que nos dimos cuenta de que éramos demasiados para ir en aquella miniatura -sobretodo teniendo en cuenta que aunque íbamos siete personas, ocupábamos como diez-.

El equilibrio se perdía por momentos y el borde de la barca estaba a punto de tocar el agua. Mi mayor preocupación era la cámara de fotos. No quería que se me mojase por nada del mundo pero ante esa situación veía peligrar mi cámara, mi ropa y todas mis pertenencias, incluyéndome a mi.

Por si fuera poco, encallamos en el borde del muelle debido a que la marea estaba muy baja y nosotros llevábamos mucho peso en la barca. La gente se reía desde lo alto al vernos y bromeaba sobre nosotros haciendo referencia al simulacro: “parece que el naufragio se ha adelantado, pero… creo que estos no lo simulan”, decían algunos. Y las risas volvían a oírse.

Nuestro “gondolero” -así llamaba yo al chico que nos trasladó al barco y que nos sacó de aquel muelle-, nos ayudó a subir. Parecía más difícil de lo que resultó. Después del susto que habíamos pasado minutos antes, ya nada me impresionaba.

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Laxe, Tierra de marineros

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