Feria Medieval de Corcubión 2010
Había oído hablar de la Feria Medieval de Noia, de la de Coruña o de la de Betanzos, pero nunca había oído hablar de la de Corcubión. Cuando recibí la invitación del evento para acudir allí no estaba muy segura de que fuese interesante, así que hice mis gestiones y fui preguntando a gente de la zona y a gente que había estado allí otros años. Todo el mundo me la recomendaba así que… lo tuve fácil. Fui.
Cuando llegué allí, todo el pueblo estaba adornado con banderines que atravesaban las calles de un lado al otro, en lo alto de las casas. Estaba muy bien ambientado. La gente también se veía muy participativa y hasta los niños iban vestidos de época para la ocasión.

Diademas florales, crema de Aloe Vera, brujitas de la suerte para la salud y para el amor, y un sinfín de puestecillos que vendían todo lo habido y por haber. El puesto de helados me llamó mucho la atención. Nunca había visto cómo hacían los cucuruchos de barquillo y me pareció muy interesante verlo allí.

También había un puesto en el que vendían piedras con formas y gran variedad de dibujos que utilizaban una tinta especial con la que podías hacerte un tatuaje que te durase cuatro o cinco días. Yo compré uno para regalar. Me pareció original para quien no quiere hacerse uno fijo por miedo a ser definitivo, para siempre.
También había burros e innumerables juegos y actividades para niños. Unos requerían de la presencia de los padres; otros, sin embargo, no lo necesitaban.

El taller de alfarería fue quizás uno de los lugares que más me llamó la atención. Los niños podían hacer sus propios recipientes o jarrones y, tras esperar unas horas, se lo podían llevar a sus casas con su nombre escrito y todo. No lo había visto en ninguna de las ferias medievales a las que había asistido con anterioridad en otras ciudades, así que lo grabé para dejar constancia de que trabajar con barro no es tan fácil como parece.

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